…y no morir en el intento
Yo también soñé con el momento de salir de casa de mis padres y compartir piso con gente de mi edad. Idealicé a los compañeros, la relación que se crearía, y cuando finalmente sucedió mi sonrisa no duró tanto como esperaba. Habrá quien diga que es sólo cuestión de compartir piso con amigos, pero la idea no me convence en lo más mínimo, porque si hay algo cierto es que tu mejor amigo puede ser tu completa némesis a la hora de compartir un mismo espacio y las responsabilidades que conlleva.
Sé que no hablo de algo que nunca nadie antes haya experimentado, así que partiendo de un espacio en común, tenemos mucho que compartir.
Todo funciona bien al principio. Los primeros días se establece quién duerme dónde, y quizá se hable sobre quién limpia qué, cuándo, y hasta dónde. Se divide la nevera… Pero la tolerancia, la paciencia, la política y las finanzas no vienen con instrucciones específicas para cada caso. Y es que cada cabeza es un mundo, y cada persona tiene su forma de hacer las cosas, lo cual podría no ser un problema, si tus costumbres y las de tu(s) compañer(@s) no son diamtralmente opuestos.
Idealmente no deberíamos de tener que llegar al extremo de tirarnos por la borda, y quizá esta pequeña guía que ha armado el equipo de Latinoamérica te ayude.
Recuerda que todo comienza por uno, pero tampoco se trata de que tu hagas todo el trabajo de aplicarlas.
Equidad: Si Gretel y Eustaquio tienen jacuzzi dentro de su habitación y cuentan con vista al Monte Olimpo, mientras que tú vives en un cuarto de 2×2 que compartes con Humpty Dumpty, puede ser que tú pagues menos renta, pero lo ideal es que el monto se divida en partes iguales. Siéntense a hablar del asunto con calculadora y cámara de video en mano.
El contrato: Asegúrate de que todos lean y firmen el contrato del departamento, donde deben especificarse renta, duración del contrato y cláusulas especiales, así como un inventario de muebles.
4 reglas de oro: Si lo tiras, levántalo. Si lo ensucias, lávalo. Si lo usas, cuídalo. Si lo rompes, págalo.
Privacidad: Si Rosa no está, no quiere decir que puedes entrar en su habitación. Además, piénsalo: ¿realmente quieres averiguar lo que guarda en su armario? No lo recomiendo. Consejo: cuando salgas, deja tu habitación cerrada con llave. Otro más: ¡no pierdas la llave! No es que no confíes, sólo no confías de más.
Lavar los platos: Lavar los platos.
Lo de otros no es tuyo: Parece obvio, pero si encuentras un billete de 20 euros en la entrada de tu habitación con una nota que dice “tómame”, no quiere decir que sea para ti. Recógelo y cuando veas a tus compañeros, pregunta de quién es, pero eso sí: ¡asegúrate de que sea verdad!
Ser ordenado: Tu habitación puede ser un campo de batalla, pero siempre es bueno respetar las áreas comunes. Vale, no es “bueno”, es imprescindible.
El baño: Es la zona de conflicto por excelencia. Toma duchas cortas, siempre seca el piso cuando termines y levanta los cabellos que se te hayan caído.
No abusar de la confianza: Si Manolo tiene dos kilos de azúcar y toms un poco para tu té de tila, seamos honestos: no pasa nada. Pero si utilizas medio kilo para hacer un pastel, sí pasa. Más aún cuando niegas la fechoría mientras te limpias el chocolate de la boca.
Repartir las tareas: Sacar la basura, barrer, trapear, fregar… Lo mejor es organizarlo por turnos y escribirlo en algún lugar visible (como un calendario). Así no habrá dudas ni pretextos, y el piso permanecerá limpio y habitable. Nota: de ninguna manera es os ocurra acordar que todos limpiarán entre todos cuando haya tiempo. NO FUNCIONA.
Buena comunicación: Dentro de un grupo, es vital que la comunicación fluya. Para lograrlo puedes contar con un pizarrón de recados y plumones de colores (también puedes pintar una pared de negro y usar tiza o gis) y colocarlo en un lugar visible: la sala, el comedor, la puerta de salida… Así, si a Mimí le hablan por teléfono, podrás anotar el recado y listo. Si quieres convocar a junta, también podrás anotarlo
Datos básicos: Ten siempre contigo los números de móvil, nombres completos y alguna referencia (teléfono de los padres, por ejemplo) de todos tus compañeros de piso. Puede llegar a ser muy útil en una emergencia… o si se te pierden las llaves y no puedes entrar a casa, por ejemplo.
Mascotas: Asegúrate de que tus compañeros no sean alérgicos a Napoleón, tu pez dorado. Si rescatas a un Rottweiler callejero con genes mutantes, sería bueno preguntar si alguien tiene algún inconveniente.
Relaciones públicas. Procura no hablar mal de tus compañeros de piso con otros compañeros de piso, para eso está tu mamá. Las paredes escuchan, ¡recuérdalo! Si tienes algo que decir, dilo de frente y de forma amable.
La buena educación. Nunca subestimes el poder de decir “por favor”, “gracias” y pedir prestado (pero que esto último no se vuelva una costumbre… es mejor que tengas tus propias cosas, así se trate de media servilleta).
Cordialidad. Tal vez las personas que viven contigo no sean tus favoritas en el mundo, pero decir “buenos días” y “buenas noches”, nunca está de más. Un amigable “hola” también funciona.
Discreción. Si Ana llega a casa con Luis Miguel de Jesús, el cual no es su novio, procura no chismear al respecto con los demás habitantes de la casa. Recuerda: cada quien su vida.
Cero prejuicios. Todos recibimos una educación distinta. Puede ser que tus compañeros no compartan tus valores, pero esto no tiene por qué ser un problema si existe respeto y tolerancia entre vosotros.
Participación. Poner un dulcero en el centro de la mesa con una notita que diga: “¡Toma los que quieras! Atte. Jaime” no es algo que estás obligado a hacer, pero siempre se agradece el detalle. El papel de baño extra también se agradece. Consejo: si vas a la tienda de la esquina, pregunta si a alguien necesita algo.
Tolerancia. Si tu compañer@ es violinista, por favor comprende que debe ensayar las sonatas de Mozart diariamente. Para que sean felices, llegad a un acuerdo sobre los horarios de ensayo y recuerda que él o ella también te escuchan cantar en la ducha.
No exagerar. Si tu compañera de piso invita a dormir a una amiga y le permite tomar una ducha, no significa que debas cobrarle una cantidad extra por el gas. Si esto se repite todos los días, es momento de tener una reunión y preguntar si tienen una nueva inquilina.
Caras conocidas. Si llegas con un acompañante ajeno a la casa, es importante que siempre estés presente. No vale que una “persona misteriosa” se quede a dormir y tú te vayas al otro día a trabajar sin llevártela contigo. Para tus compañeros no será agradable encontrarse con un desconocido a mitad del pasillo.
Intereses similares. Aunque esto no es una regla, la experiencia me ha enseñado que vivir con personas que se dedican a lo mismo que tú o tienen tu misma edad, es buena idea. Por ejemplo, si tú ya trabajas pero vives con estudiantes, es posible que sus reuniones de los martes para escuchar metal gótico hasta las 5 am no te hagan tanta gracia, especialmente si tu despertador sonará a las seis.
¡Fiesta, fiesta! Todos tenemos derecho a divertirnos. Si planeas hacer una fiesta, pregúntale a tus compañeros si están de acuerdo. Si la fiesta es improvisada, envíales un mensaje al móvil antes de llegar a casa con tus quince amigos. Un simple “reunión de mis amigos de última hora, espero no les moleste. Yo limpio todo mañana”, será suficiente.
Decir adiós. Si por la razón que sea debes partir y dejar a tu(s) compañero(s) a su suerte, avísales con mínimo un mes de anticipación. De este modo, ellos podrán organizarse y encontrar a tu reemplazo.
Nadie dijo que vivir con otros era cosa fácil. Sin embargo, aunque rentar solo tiene muchas ventajas, compartir la casa o el piso no se queda atrás. Mira siempre el lado positivo:
- Si ocurre una emergencia, es probable que alguien te ayude a resolverla.
- Si pierdes las llaves, alguien podrá abrirte.
- No tendrás que sacar la basura todas los días.
- Si entra un ladrón, ya son dos contra uno. Si entran varios ladrones, juntos podrán gritar más fuerte.
- Si tus compañeros de piso son extranjeros y te llevas bien con ellos, ya tienes a dónde llegar cuando viajes a Madagascar.
- Si desapareces del mundo, es probable que tus compañeros lo noten.
- Si se te acaba la sal, es posible que alguien te comparta si la pides antes.
- Alguien podrá llamar a la ambulancia si tu resaca se transforma en apendicitis.
- Escuchar ronquidos desde lo profundo de la habitación de tu compañero puede aliviar la soledad de un domingo por la tarde (pero si esto alivia tu soledad cada fin de semana, mejor sal a dar un paseo).
- A veces sucede que los compañeros de piso se vuelven amigos.
¿Qué anécdotas divertidas has tenido con tus compañeros de piso?
¿Qué más le hace falta a esta guía de supervivencia?
Equipo Yahoo! Respuestas
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